miércoles, 20 de febrero de 2013

Arboles Maderables

Fotos de Terreno con área de bosque y árboles maderables. Central Alajuela


     ARBOLES MADERABLE

En Panamá se ha descubierto la existencia de 10 mil 500 especies de plantas, de las cuales 15 corren riesgo de extinción, de acuerdo con un informe de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), que toma como base las diferentes categorías de riesgo de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Este grupo de especies de plantas está protegido por leyes nacionales, pero aun así se tala y trafica ilegalmente.
El trabajo fue iniciado recientemente por el Departamento de Vida Silvestre de la Dirección de Áreas Protegidas de la ANAM, el cual reveló que de las 15 especies de plantas en amenaza de extinción, 13 son árboles maderables.
De este total, son tres los árboles que caen dentro de la categoría de “riesgo crítico”: el cocobolo, la caoba y la pinotea, los cuales producen los tipos de maderas más codiciadas comercialmente y lo que ha llevado al desarrollo de un mercado ilegal, que incluye exportaciones a países asiáticos.
El resto de los árboles amenazados en Panamá caen dentro de las categorías “en peligro” y “vulnerable”, entre ellas la palma zamia y la orquídea Clatteya. (Ver cuadro con los 10 casos más críticos).
Cabe destacar que Panamá no tiene registro de especies de plantas en las categorías más elevadas de la lista roja de UICN que son “extinto en estado silvestre” y “extinto”.
Pero, la tala descontrolada y el comercio ilegal de maderas preciosas puede llevar a que pronto especies como el cocobolo y la caoba entren en la categoría de “extintos” en Panamá. Un ejemplo de ello es que la caoba ya casi no se encuentra en los bosques de la provincia de Darién.
Sin embargo, el comercio ilegal de madera que está de moda es el de cocobolo, actividad que se concentra en el área de Chepo, Chimán y la región de Azuero. Es una madera dura que brinda acabados excepcionales. La madera del cocobolo posee taninos y aceites que le da un tono lustroso de forma natural.
En el mercado, un juego de sala hecho con madera de cocobolo tiene un costo aproximado de 40 mil dólares, razón por la cual su tala legal se ha convertido en un negocio rentable.
Incluso, el tema parece haberse salido de control y ha generado enfrentamientos entre grupos indígenas que dicen proteger las zonas boscosas en Chepo y Chimán, contra los llamados colonos.
Meses atrás, el director regional de ANAM, Alcides Villarreal, fue secuestrado durante 24 horas por los grupos indígenas que reclaman mano dura contra los taladores ilegales.
La ANAM dice estar ejecutando operativos para decomisar la madera de árboles como el cocobolo en pequeños centros de acopios ilegales en Chepo y Chimán, pero no ha sido suficiente. Igual sucede en la región de Azuero.
Otro de los árboles que enfrenta severamente el problema de la tala ilegal es el mangle, el cual cae dentro de la categoría “en peligro”, según la lista roja de la UICN, un rango menos peligroso que el del cocobolo.
Pero, la madera del mangle, como la de los otros árboles bajo la categoría de “vulnerables” de extinción, se extrae de forma ilegal para los pequeños aserraderos y mueblerías locales. Es decir, no tienen una demanda atractiva en el exterior como el cocobolo o la caoba.
Agustín Somoza, biólogo botánico del Departamento de Vida Silvestre de la Dirección de Áreas Protegidas de la ANAM, dijo que la tala indiscriminada pone en peligro de extinción a los árboles que producen maderas preciosas, siendo el caso del cocobolo el más dramático en estos momentos.
Señaló que toda la zona este de Panamá, incluyendo Chepo, Chimán y Darién, tiene relativamente cierta cantidad de especie de cocobolo silvestre, aunque ya no es frecuente por la tala descontrolada.
Reiteró que el alto precio en el mercado por la madera del cocobolo es lo que hace que no exista un aprovechamiento sostenible de la especie en el país.
Somoza también indicó que el listado de las 15 especies de plantas con un nivel de amenaza para su extinción forma parte de un trabajo que está haciendo la Dirección de Áreas Protegidas de la ANAM, para ver el estatus del país en materia de conservación de las especies de plantas.
“Este es un trabajo gradual, tenemos un listado pequeño, pero que poco a poco va a ir abarcando más”, dijo Somoza.
Reforestación.
Uno de los proyectos que trabaja la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) es el de Producción Sostenible de los Bosques y la Conservación con Participación Comunitaria en la Reserva Forestal de Chepigana de Darién, que ha permitido el establecimiento de viveros forestales, con especies nativas como cocobolo y caoba.
“En todas las partes del país en donde hay bosques, hay problemas de deforestación”, sostiene la Dirección de Proyectos e Investigación de ANCON, indicando que las actividades que más inciden en el aumento de la tasa de tala son la construcción de carreteras, la minería, el desarrollo hidroeléctrico, que se sumaron al avance de la frontera agropecuaria.
Para esta Organización No Gubernamental (ONG), la situación más alarmante de deforestación en el país está en Darién, el este de la provincia de Panamá y algunos sectores de la comarca Ngäbe-Buglé.
ANCON también señaló que cada día son más los proyectos de reforestación que se suman al trabajo por recuperar las especies en peligro. Cabe destacar que los proyectos de reforestación han tenido una variante positiva, ya que antes se hacía introduciendo especies foráneas como la teca y la caoba africana.
“En los últimos años, los proyectos se han abocado al establecimiento de plantaciones con especies nativas, como caoba, cedro espino, guayaquil amarillo y pino amarillo”, destacó ANCON.
La tendencia que está ganando terreno es la conservación y manejo del bosque sostenible, que hace énfasis en el aprovechamiento de los productos forestales no maderables (fibras, medicinas, frutos, tintes, materia prima para artesanías) y en los servicios ambientales del bosque (agua, captura de CO2 y control del régimen hídrico).
A pesar de que las ONG como ANCON culpan a las mineras de sumarse a la actividad deforestadora en el país, las principales compañías se defienden de estas acusaciones. Por ejemplo, Petaquilla Gold sostiene que su concesión le permite intervenir 100 hectáreas de bosques, pero hasta ahora solo lo ha hecho en 40 hectáreas de ellas.
Como compensación, Petaquilla Gold informó que trabaja en un plan de reforestación de mil hectáreas en todo el país.
Mientras que Minera Panamá sería la mina que más intervención de bosques tendrá en el distrito de Donoso, pero ha anunciado que su plan de compensación ambiental incluye 10 mil hectáreas de reforestación en todo el país.

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